Señor, Tú dijiste: “Si alguien quiere ser mi discípulo, tome su cruz de cada día y sígame”.
Yo quiero ahora seguir tus huellas y recorrer en espíritu tu vía dolorosa. Haz, pues, que cobre vida ante mi alma lo que padeciste por mí. Abre mis ojos, toca mi corazón, para que vea y grabe en mi interior lo grande que es tu amor por mí, y me vuelva a Ti, mi Salvador, con toda el alma, y me aparte del pecado que tan amargos sufrimientos te causó.



